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Reconciliarme con mi cuerpo: más presencia, menos exigencia

  • Foto del escritor: Fabiola Pérez Olalde
    Fabiola Pérez Olalde
  • 13 feb
  • 2 Min. de lectura
Reconciliarse

Hola, hola…!!

Este blog no lo escribo desde un lugar perfecto. Lo escribo desde un cuerpo real. Uno que ha cambiado, que ha sido exigido, juzgado, amado a ratos y muchas veces ignorado.


Lo escribo desde mi propia reconciliación, porque sí, también yo he estado en guerra con

mi cuerpo. ¿Y quién más como yo?

Y no me refiero solo al físico.


Me refiero a esa desconexión silenciosa que aparece cuando vivimos más desde la mente que desde la presencia.

Cuando nos exigimos energía, firmeza, estética, rendimiento, pero nunca nos preguntamos:

¿cómo estás hoy?


Que es lo más importante escuchar en vez de controlar:

Por años, mi cuerpo fue una especie de proyecto. Algo que había que moldear, disciplinar, mejorar. Y aunque me alimentaba bien y hacía ejercicio, muchas veces lo hacía desde la exigencia, la disciplina, no desde el amor.


Hasta que un día, dejé de sentirme dentro de mí.

Todo era automático: comer, moverme, dormir sin verdadera conexión.

Y ahí fue cuando comencé a hacerme una nueva pregunta:

¿Y si en lugar de exigirme, empiezo a acompañarme?

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Presencia: es el nuevo lenguaje con mi cuerpo

Hoy estoy aprendiendo a habitarme distinto.

1.- A ponerme la crema no solo “para cuidarme”, sino para tocarme con cariño.

2.- A moverme no para quemar calorías, sino para recordarme que estoy viva.

3.- A comer desde el hambre real, no desde la culpa ni el premio.


Presencia no es lentitud.

Presencia es conciencia.

Es decirle a tu cuerpo: “Estoy contigo, no contra ti.”


¿Y si dejamos de exigirle tanto?

Vivimos en un mundo que nos pide que el cuerpo sea fuerte, sano, productivo, delgado, en forma, joven, atractivo, son muchas cosas a la vez.


Y cuando no cumple esas expectativas, lo castigamos.

Pero el cuerpo no está aquí para cumplir estándares.

Está aquí para sostenerte.

Y ha estado contigo, incluso cuando tú no estabas contigo.

Te ha acompañado en cada etapa, en cada caída, en cada renacer.

¿No merece, al menos, que lo trates con presencia en lugar de exigencia?


Cómo estoy reconstruyendo esta relación (paso a paso):

 Me hablo con más suavidad

 Me toco con más intención

 Me doy descanso sin justificación

 Agradezco en lugar de compararme

 Me muevo desde el deseo, no desde la deuda


Y cada día me cuesta un poco menos, porque ya no espero perfección, solo conexión.

Si tú también estás en este camino, quiero decirte algo importante:


Estás a tiempo de volver a ti.

A tu cuerpo.

A tu verdad.

Sin violencia. Sin culpa. Sin prisa.


El cuerpo no es un enemigo a corregir, es un hogar que te está esperando.

Recuerda que somos las protagonistas de nuestras vidas, y cuidarnos, amarnos, debe ser parte de nuestra vida de forma natural y amorosa.

Bye, Bye…!!!

 
 
 

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