top of page

No quiero ser fuerte todo el tiempo

  • Foto del escritor: Fabiola Pérez Olalde
    Fabiola Pérez Olalde
  • 12 ene
  • 2 Min. de lectura

Hubo un tiempo en el que me sentía orgullosa de ser “la fuerte”.

La que no se quiebra.

La que siempre tiene palabras para los demás, soluciones para los demás, presencia para los demás.

Y sí fui esa mujer y soy esa mujer.

La que sigue.

La que puede.

La que aguanta.


Hasta que me di cuenta de algo que no quería aceptar: estaba agotada. No era un cansancio físico solamente. Era un agotamiento emocional. Un desgaste acumulado de sostener todo desde la exigencia.


De ser la que carga, la que resuelve, la que nunca para. Estaba tan acostumbrada a demostrar que podía con todo, que se me olvidó preguntarme si realmente quería hacerlo. Y fue en ese momento cuando lo dije, primero en voz baja, después con más firmeza: no quiero ser fuerte todo el tiempo.


La fuerza como escudo:

En algún punto, esa “fortaleza” se volvió un escudo.

Un disfraz. Una forma de protegerme del juicio, del dolor, de la vulnerabilidad.

Ser fuerte era mi forma de controlar.

De no molestar.

De no depender.

De no mostrar grietas.


Pero con el tiempo, ese escudo comenzó a pesar más de lo que me protegía. Y por muy fuerte que seas, nadie puede sostenerse siempre en modo supervivencia.

La fuerza mal entendida nos desconecta de nosotras mismas.


Nos aísla de quienes nos aman. Y lo más peligroso es que ni siquiera nos damos cuenta, hasta que algo dentro de nosotras se apaga.



¿Qué pasa cuando decides soltar?

Cuando finalmente solté esa versión rígida de mí, no fue fácil.

Sentí culpa.

Sentí que estaba decepcionando a otros.

Que estaba bajando la guardia.


Pero, muy dentro de mí, también sentí algo nuevo: alivio.

Alivio de no tener que fingir.

Alivio de permitirme sentir.

Alivio de bajarle el volumen a la exigencia y escuchar mi alma.

Y entonces entendí que había otra forma de ser fuerte.


Una que no me quitara la paz.

Una que no dependiera de cuánto resistía, sino de cuánto me honraba.

No estoy renunciando a mi fuerza. Estoy eligiendo mi paz.


Hoy no me identifico menos con la fortaleza.

Simplemente la veo desde otro lugar.

Mi fuerza ya no es dura, es profunda.

Ya no es para sostener a todos, es para sostenerme a mí.

Ya no se basa en cuánto aguanto, sino en cuánto me permito ser.


No quiero ser fuerte todo el tiempo.

Quiero ser humana.

Quiero ser sensible.


Quiero ser libre.

Y sé que no soy menos por eso.

De hecho, me siento más completa que nunca.



Si esto te resonó, te comparto un episodio del podcast donde hablo de esto desde mi experiencia más real y sin filtro. Ojalá te acompañe.



Gracias por leerme.

Gracias por sentir conmigo.

Y gracias por recordarme que no tengo que demostrar nada para seguir siendo yo.


Con amor,

Fabiola Pérez Olalde

 
 
 

Comentarios


bottom of page