Volver a mí: lo que aprendí cuando me cansé de fingir fortaleza
- Fabiola Pérez Olalde
- 7 ene
- 3 Min. de lectura
Durante mucho tiempo creí que ser fuerte era una virtud incuestionable. Ser fuerte significaba no parar, no quejarme, no fallar.
Ser fuerte era poder con todo e incluso cuando por dentro ya no podía con nada.

Y sin darme cuenta, empecé a vivir desde ahí.
Desde la exigencia.
Desde el “yo puedo”.
Desde el resolverlo todo para todos, menos para mí.
Hasta que un día, sin drama, sin explosión, simplemente me cansé. Un cansancio profundo. Físico, mental, emocional. Un cansancio que no se cura con dormir más ni con tomarse unos días libres.
Era otro tipo de cansancio. El cansancio de haberme dejado para después durante demasiado tiempo. Sintiéndome un poco perdida, sin foco, incluso algo susceptible.
Cuando te pierdes de ti sin darte cuenta
No fue de un día para otro.
Nadie se pierde de sí misma de golpe.
Te pierdes cuando priorizas siempre a los demás.
Te pierdes cuando normalizamos el agotamiento.
Te pierdes cuando conviertes la fortaleza en una obligación y no en una elección. Yo seguía haciendo lo que amaba, ayudando, creando, acompañando, trabajando con amor y pasión, cumpliendo con mis labores y responsabilidades de la vida sin fallar, pero algo dentro de mí ya no estaba alineado. Y lo más difícil no fue aceptar que estaba cansada.
Lo más difícil fue aceptar que me había desconectado de mí misma. Porque nadie nos enseña a parar. Nadie nos enseña a escucharnos cuando todo el mundo espera que sigamos adelante.

Fingir fortaleza también cansa el alma
Hay una parte de nosotras, sobre todo las mujeres, que aprendió a ser fuerte para sobrevivir. Fuerte para sostener. Fuerte para no incomodar. Fuerte para no pedir demasiado. Y esa fortaleza, que alguna vez fue necesaria, se convierte con el tiempo en una carga.
Yo fingí estar bien más veces de las que puedo contar.
No por mentir, sino por no saber cómo decir: “no puedo más”.
Hasta que entendí algo que hoy quiero compartirte con el corazón abierto:
"Ser fuerte no es no sentir.
Ser fuerte no es aguantarlo todo.
Ser fuerte también es saber cuándo soltar.
Volver a mí no fue un acto heroico, fue un acto honesto".
Volver a mí no fue bonito ni ordenado.
No fue una iluminación. Fue una conversación incómoda conmigo misma. Fue reconocer que necesitaba bajar el ritmo.
Que necesitaba escucharme. Que necesitaba dejar de exigirme respuestas inmediatas.
Volver a mí fue empezar a preguntarme cosas simples:
¿Cómo estoy de verdad hoy?
¿Qué necesito ahora?
¿Desde dónde estoy viviendo?
Y poco a poco, con más preguntas que certezas, empecé a regresar o por lo menos a encontrar eso que me define, que me gusta, que me hace sonreír solo de pensarlo. Sin dejar mis obligaciones, pero organizando prioridades.
No a la mujer que fui antes.
Sino a una versión más consciente, más sensible, más real.
Para la mujer que hoy se siente cansada:
Si hoy te sientes agotada, sensible, sin ganas de demostrar nada.
Quiero que sepas algo importante:
No estás fallando.
No estás retrocediendo.
No estás rota.
Tal vez, como yo, estás volviendo a ti. Y volver a ti no significa abandonar tus sueños, ni tu vocación, ni lo que amas. Significa habitarlos desde un lugar más humano, más compasivo, más verdadero.
Significa dejar de vivir en guerra contigo.
Una nueva forma de ser protagonista:
Hace años escribí sobre ser protagonista de tu vida.
Hoy lo sigo creyendo, pero con otra mirada.
Porque entendí que las protagonistas también se cansan.
También caen.
También dudan.
La diferencia es que ahora sabemos escucharnos antes de rompernos. Y si este texto resonó contigo, quiero invitarte a que sigas este camino conmigo.
En el podcast “Sé tú la protagonista” comparto más de este proceso, desde mi experiencia real, sin filtros ni perfección. El primer episodio de este año nació exactamente desde este lugar.
Gracias por estar.
Gracias por leerte.
Gracias por volver, aunque sea despacio.
Fabiola Pérez Olalde

_edited_edited_edited.jpg)